Miercoles 8 de Septiembre de 2010 
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El poder a través de la arquitectura
ARQUITECTURA Y PODER
Introducción.

Con la intención de evidenciar la profunda relación que existe entre la política y el diseño arquitectónico y urbano, el presente texto se divide en dos partes que buscan complementarse y explicarse mutuamente. Inicialmente se establece la base teórica conceptual desde la cual se plantea una aproximación al entendimiento de la relación entre la arquitectura y la política.

Posteriormente, un análisis de caso busca aproximarse al Nazismo a partir de la configuración de su espacio público, tal y como se concibió, creó y transformó en un período específico de historia europea (1933-1945). Con ello se pretende reflexionar acerca de la función de la arquitectura y la planeación urbana en procesos políticos históricos, a partir del análisis en torno a políticas publicas urbanísticas o proyectos monumentales, que en este caso puede decirse, funcionaron a favor de políticas opresivas de estado.

I. Espacio, poder y conocimiento.

Para entender esta interacción, conviene referirse a la relación entre el espacio, el poder y el conocimiento, establecida por el filosofo francés, Michel Foucault, en donde la parte cognitiva esta referida a la arquitectura, mientras que la política es aquí entendida como el ejercicio del poder y, por su parte, el espacio en su acepción física. Esta interesante interconexión ha llevado a una discusión reciente en la que la arquitectura puede ser analizada como un acto político.

Es por ello que para iniciar la aproximación a los espacios configurados por la ideología nazi, empezare por definir el sistema político en el cual se gestaron.

A partir de una diferenciación básica entre sistemas de gobierno no democráticos, algunos autores distinguen en estos últimos tres esquemas básicos diferenciados que son dictadura, absolutismo y totalitarismo. Si observamos los acontecimientos históricos, podemos ubicar al Nazismo dentro de la categoría de Totalitarismo, en donde el ejercicio del poder es arbitrario y absoluto, sin límites, ya que el ascenso al poder de la figura de Adolf Hitler, máximo líder del Partido Nacional Socialista Alemán, va del autoritarismo al totalitarismo en un periodo relativamente corto de tiempo.

El gobierno nazi ejerció el poder en una combinación de un modelo nacionalista con un modelo socialista, contando con un régimen opresor y fuerte control de las fuentes de información y la cultura. Un partido político que abarco todas las posiciones del Estado, en un sistema del partido único y con el fuerte apoyo - legitimador- de la milicia del partido. Es también conocida la mística basada en personalidades extraordinarias (elites y superhombre) con la que Hitler se constituyó como líder carismático, con apoyo de un amplio sector popular.

La autoridad omnipresente del estado llevo a la consiguiente representatividad absoluta a la que estaban sujetos los ciudadanos. Eso llevo al establecimiento del

Imperio –Reich- con una ideología explicita y bien definida, por medio de la cual introdujo la rigidez que le caracterizó. El Nazismo operó bajo una economía autárquica, esto es, en una combinación de nacionalismo y proteccionismo, que derivo mas adelante en la manifestación de las fuerzas más restrictivas del país.

El nacionalismo que fue abanderado y exacerbado por los nazis derivo en los conocidos resultantes de racismo y xenofobia, no solo contra Judíos, también contra Masones, Social Demócratas, Comunistas y Testigos de Jehová. El nacionalismo como ideología política, considera a la nación como centro de la vida política, donde la nacionalidad se justifica constantemente, en este caso por medio de una supuesta supremacía primigenia de la raza aria. Este nuevo orden busca socializar a la población defendiendo la necesidad de una correlación entre unidad nacional y la entidad que organiza la política, y consiste en un proyecto de largo plazo, busca permanecer indefinidamente en el poder, mientras no cambien los mecanismos de coerción o exista presión internacional, como fue el caso.

Hitler gobierna dotando a la nación de un estado propio, inspirado por valores compartidos por la nación, fuertemente apoyado en la identidad, por lo que, al convencer a la comunidad de tener un único origen ancestral, se consigue hegemonía y estabilidad interna en el gobierno, esto es, legitimación.

II. Políticas Publicas antisemitas: Albert Speer, el arquitecto de Hitler.

La política antisemita es evidenciada y ampliamente documentada, en los planes del arquitecto de Hitler, Albert Speer para la reconstrucción de Berlín. Esta relación entre el líder político y el materializador de sus ideas ha sido también abordada por otros estudios.

De acuerdo con la historia, el partido Nacional Socialista llego al poder en 1933, sobre una base propagandística anticomunista y antisemita, de tal forma que a finales de la década de los 30, Berlín era el centro del estado y de las políticas urbanísticas del partido, de ahí el interés de Hitler en consolidar esta capital mediante el nombramiento de Speer como Inspector General de Construcción para la capital del Reich en Berlín, teniendo a su cargo las políticas públicas encaminadas a la planeación urbana, las cuales fueron integradas en un plan urbanístico anunciado en 1938.

Cada uno de estos elementos del Plan estaba destinado a simbolizar el poder dominante y a su instrumento ideológico la identidad nacional, de modo que, por ejemplo, el eje norte-sur estaba proyectado para funcionar como un boulevard ceremonial del Nuevo Berlín.

La realización de este plan estaba basado en las atribuciones que la Inspección

General de Construcción (GBI por sus siglas) entre las que destacaba regular toda la actividad política, social y económica conforme a los intereses de organización de la ciudad.

Los monumentos dispuestos con majestuosidad en el recorrido lineal integraban el plan visualmente, especialmente la Torre sede del Ejercito, que con su verticalidad establecía una declaración visual simbólica contundente. El plan incluía un Arco del triunfo, de reconocido significado simbólico de triunfo marcial.

Como puede apreciarse, el interés de Adolf Hitler en el rediseño de Berlín, era principalmente paradigmático de los esquemas del partido, para proyectar sus objetivos ideológicos a través de la forma visual. Como muestra, basta recordar la frase de Hitler para describir el efecto buscado en la arquitectura nazi: “la palabra en la piedra”. Esta materialización ideológica puede comprenderse en tres componentes clave, a saber, la escala masiva del plan, una iconografía basada en formas neoclásicas y una cierta elección de materiales.

Al utilizar elementos grecolatinos, se buscaba crear una iconografía del prestigio, esto es, promover una conexión ideológica con las instituciones políticas y sociales clásicas. Esta imagen era reforzada por medio del carácter de indestructible o permanente de la construcción en piedra.

Victor Manuel Gutierrez Sanchez
intersticio74@hotmail.com





 


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