En 1827 Don Francisco Gutiérrez, albacea y esposo de Doña María de Jesús Terán, familiar de Don Narciso, como heredero de su finada esposa vende la finca que aún estaba dividida en dos habitaciones a Doña María de los Dolores Rodríguez Fernández y un año después ella la vende al Coronel Don Mariano Martínez; casado con Doña Gertrudis Aranda y tenian dos hijos: Don Francisco y Doña Refugio; personaje de alto rango y clave en esta historia, las escrituras revelan que fue él, quien reconstruye la casa y le da la monumentalidad que hoy conocemos.
Don Mariano muere en 1857 y hereda esta finca a su hijo Don Francisco el 22 de Junio de 1857, la cual habitó con su esposa Doña Josefa de Arana hasta1884. Don Francisco formó parte de la Sociedad Potosina La Lonja en 1891, llevando una vida social comprable a esta importante mansión.
La familia Martínez la tuvo en propiedad por 59 años, hasta que Don Francisco de P. Martínez decide venderla a Don Anastasio Hernández, hecho que se consuma el 6 de Junio de 1887, en ese momento la residencia llega a su máximo esplendor, Don José Anastasio Hernández, era hijo de Don Matías Hernández Soto y de Doña Manuela Soberón Sagredo dueña de una de las haciendas mas importantes, Peotillos.
Don Anastasio casado con Doña Matilde Travanco Carresse, hereda junto con sus hermanos la hacienda de Peotillos y al morir deja en herencia su parte de la hacienda a su mujer Doña Matilde así como la residencia que hoy nos ocupa. Y ella hereda en 1909 a su hija María Luisa Hernández de Sánchez Barrenechea hasta 1940 que permanece en su poder, alquilándola al Obispo Guillermo Tritschler Córdova, quien llega a San Luis Potosí en 1931.
El historiador Montejano y Aguiñaga en su publicación Los Obispos de San Luis Potosí nos confirma que el Obispo Guillermo Tritschler y Córdova “residió en la casona situada en la esquina noreste de la calles 5 de Mayo y Galeana”. Como en la casa vecina estaba instalado el obispado de San Luis Potosí, se aprovecho la conexión existente con ésta, para ser la residencia obispal.
Por las tertulias de esta mansión pasaron eminentes pastores, filósofos, musicólogos, sociólogos, y entre los que dejaron el seminario, destacados médicos, connotados profesionistas. Entre los que destacan el arzobispo de México Don Octavio Valdés, el prestigiado pensador y maestro Don Antonio Branvila, el sacerdote musicólogo Hermilio Camacho, el santo obispo sociólogo de la Arquidiócesis de México, Señor Villalón, los hermanos poetas y literatos Méndez Plancarte, el destacado humanista Don Ángel María Garibay y muchos más.
Continuando con el interesante pasado de esta histórica residencia, la Sra. María Luisa Hernández de Sánchez la vende en 1940 a la Sra. Guadalupe de los Heros Vda. de Landeta, y así se vende en 1943 a Juan Manuel Córdova , en 1958 a José B. Cerda y María de la Mora de Cerda, en 1982 a Francisco Cavazos Azcárraga, quien hereda en 1998 a María Luisa Cavazos Azcárraga y ella en 2004 vende a Miguel Torres Corzo.