En San Antonio de Coronados del municipio de Catorce, existió una banda musical denominada “Los Hernández” la cual era la banda que alegraba al pueblo y sus alrededores ya que gracias a las bonanzas que se disfrutaban en los centros mineros de Charcas y Tierras Negras, así como con los ferrocarrileros en Vanegas, ésta banda lograba sostenerse, pues gozaba de popularidad y era reconocida en toda la región.
Los días domingos o en alguna fiesta patria o religiosa en la que no tenían contrato fuera de la comunidad, ofrecían sus tardeadas de cortesía en la placita del pueblo, terminando con una callejoneada en la que eran acompañados por los parroquianos amantes de la buena música a un recorrido por las principales calles del lugar.
Los acompañantes, muchas de las veces envueltos en la efervescencia de la música y al calor de una que otra copa, en ocasiones; la fiesta se prolongaba hasta la madrugada, eso si, según el bolsillo de los acompañantes.
En este pueblo era ya una costumbre que en las bodas, o quince años siempre contrataban a nuestros amigos de la Banda Los Hernández y por tradición.
Dicha banda iba a sacar de la casa a la festejada o a los festejados para acompañarlos con sus bonitas notas musicales de la casa al templo, después de la celebración, los novios o las quinceañeras, según el caso recorrerían las calles del pueblo para invitar a los amigos y familiares y como es de suponer iban acompañados por las bellas interpretaciones de nuestros filarmónicos, entre la música que predominada en la época, sobresalían aquellos elegantes valses como “Sobre las olas”, “Tu voz al cielo”, “Alejandra”, “Dios nunca muere” entre otros; así mismo resaltando las poleas y redovas muy características en los bailes de esa época de oro que difícilmente volverá.
Ésta tradición se acabó como se acabó el trabajo en las minas; ya sin empleo, algunos de nuestros músicos emigraron hacia rumbos desconocidos desintegrándose así la famosa “Banda de Los Hernández” y con ello una tradición que solo recuerdos nos deja de una época maravillosa y que ahora se convierte en leyenda de lo que fue San Antonio de Coronados, un pueblo alegre, hospitalario y próspero de lo cual quedan como mudos testigos sus caprichosos callejones empedrados esperando vuelva a resucitar lo que el tiempo se llevó.
En la actualidad se intenta revivir dichas callejoneadas en las fiestas patronales en honor a San Antonio de Papua, con la gran diferencia que ahora se tiene que contratar música de otro lado por que en el pueblo no quedaron herederos de la Banda de los Hernández.